El dinero antes del dinero


EL DINERO ANTES DEL DINERO

El dinero, tan cotidiano e imprescindible en la actualidad, no siempre ha existido tal y como lo conocemos. Desde la prehistoria, el concepto de dinero ha recorrido un largo proceso evolutivo que se inició con la superación del sistema de trueque y la implantación de unidades de cambio consensuadas como sistema de pago, ya fueran conchas, puntas de flechas o bueyes.

Desde antaño, la sal ha sido un producto muy valorado por su capacidad de conservar los alimentos.

P
ara la sociedad del siglo XXI, el concepto de dinero se materializa básicamente en la forma de monedas y billetes, así como en lo que denominamos <<dinero de plástico>>, es decir, las tarjetas de crédito. Sin embargo, el dinero no surgió con la primera acuñación de  moneda. Durante siglos se han utilizado diferentes tipos de productos como medio de pago que nada tienen que ver con los actuales pero que reciben igualmente la consideración de dinero. Entonces, ¿cuándo empezó a emplearse y qué hubo antes de él? Los intercambios comerciales existen desde la Prehistoria, pero por aquel entonces el método de pago común era el trueque, una transacción simple y directa en la que se intercambiaba un objeto por otro. Durante la era más antigua de la historia, el Paleolítico, la subsistencia de los humanos se basaba en la caza y la recolección, por lo que fueron habituales los trueques con bienes perecederos.

Esta forma de pago funcionó bien durante siglos, mientras los intercambios se producían de manera ocasional y cada parte medía al momento el valor de cada objeto según necesidad y criterio local. Pero cuando estas actividades se volvieron más frecuentes y se amplió el radio de acción – es decir, cuando se empezó el mercadeo entre diferentes poblaciones-, se hizo necesario crear un sistema convencional y equitativo de pago, para que el cambio fuera justo y nadie sintiera que salía perdiendo con la transacción.

Fue entonces cuando se impuso la necesidad de utilizar una serie de objetos o bienes a los que se les pudiera establecer un valor relativamente estable. Así nació en la Edad de Bronce, en el II milenio a.C., la idea de <<dinero>>, en el sentido estricto de <<moneda de cambio>>. Según los investigadores, entre los primeros objetos que se utilizaron como moneda de cambio se encuentran las puntas de flecha de obsidiana o las conchas marinas, halladas en espacios muy alejados de su lugar de origen o de extracción.

Ente los pueblos ganaderos, en cambio, como los indoeuropeos griegos o latinos, el ganado, y especialmente el buey, se convirtió en el patrón de pago preferido por los jefes de familia- cabe recordar que en el mundo antiguo la posesión de ganado era un signo de riqueza y prestigio-, como reflejan estos versos de la Ilíada: <<Entonces, Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco, que con el Tidida Diomedes intercambió las armas, oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve>>.

La idoneidad de un producto como unidad de cambio respondía a seis características básicas: que su valor fuera reconocido por todos los individuos de la comunidad; que fuera homogéneo; fácil de transportar y contar; duradero; divisible; y, sobre todo, que no se pudiera falsificar fácilmente.

Otros productos de primera necesidad, como los cereales o la sal, sirvieron para calcular el precio de las cosas. Destaca el uso de este último, que ha sido la base de muchos sistemas dinerarios en diferentes épocas y lugares del mundo, como en la antigua Roma, o en el Lejano Oriente medieval. Se trataba de un producto muy valorado, pues en aquellos tiempos remotos la salazón era uno de los escasos sistemas de conservación conocidos para las épocas de escasez. El empleo de la sal como unidad de cambio perduró en el tiempo, aun conviviendo con  monedas estatales. De hecho, en el siglo XIV, el gran viajero Marco Polo narró que el Gran Khan todavía pagaba algunos de sus servicios más preciados con panes o lingotes de sal.

       Las <<monedas>> del Paleolítico                           
Durante el Paleolítico, los objetos más utilizados como <<monedas>> fueron las puntas de flecha y las hachas de piedra realizadas, sobre todo, con obsidiana, una piedra ígnea que, al fracturarse, produce unos bordes muy afilados.                                                       

 Las puntas de flechas talladas en obsidiana siempre han sido muy codiciadas.




Las Piedras Como Sistema De Pago 
Más allá de la sal, hubo otros objetos que también empezaron a despertar el interés de nuestros antepasados prehistóricos, como fue el caso de determinada piedras.

Durante el Neolítico, las minas de Spiennes (Bélgica) aportaron
a la región gran cantidad de sílex,
que se utilizó como moneda de cambio. 
Además de la obsidiana, que durante el Neolítico siguió siendo muy apreciada, hubo otras piedras que también se utilizaron como medio de pago. El sílex, por ejemplo, fue un material muy estimado, fundamental para la talla lítica y poder fabricar cuchillos, puntas de flecha, hachas pulimentadas, etcétera. En las minas neolíticas de Spiennes (Bélgica), que fueron explotadas entre 4300 y 2200 a.C., se produjo una extracción y talla de esta piedra tan excesiva para las necesidades de la zona que parte de la producción se usó como medio de pago, como lo demuestra el hecho de haber encontrado este material a 160 km  de distancia delas minas.    

También el ámbar, sin duda un elemento codiciado y de prestigio, se utilizó como instrumento dinerario. Esta resina fósil, muy escasa, se puede tallar fácilmente para crear piezas semitransparentes y brillantes, muy apreciadas como elementos de adorno.

Durante el Neolítico se iniciaron las rutas comerciales que llevaron el ámbar del Báltico, el más estimado por sus características, por toda Europa. Otro patrón de cambio que llegó a recorrer grandes distancias son las cuentas de collar, elaboradas con conchas marinas, o con piedras como la variscita, un mineral de color verde que debió de alcanzar gran valor. A  lo largo de la historia, estos productos se siguieron utilizando en diferentes partes del mundo hasta el siglo XIX.

Conchas Y Dientes Del Delfín Como Dote           
  En ciertas zonas del Pacífico, como en las Islas Salomón, se continúan usando instrumentos dinerarios para efectuar algunos pagos especiales, como por ejemplo en el caso de la dote cuando alguien se casa. En la isla Malaita, este pago se efectúa con los tafuleai, collares de conchas o de dientes del delfín con los que se laboran largas ristras de cuentas de hasta cinco formas diferentes, y que son considerados como el dinero de más valor de la isla.    








En la actualidad, en las Islas Salomón los collares de dientes
De delfín tienen un gran valor económico.

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