El pago en especie


EL PAGO EN ESPECIE

En sus transacciones comerciales, el ser humano se ha servido desde antiguo de diversos medios para compensar o ser compensado por determinados bienes o servicios. El pago en especie es una de las formas más antiguas empleadas para ellos y todavía perdura en la actualidad.

Mediante evaporación, en las salinas se convierte el agua de mar en sal, uno de los productos más valorados en el pago en especie.

E
l pago en especie es un medio de intercambio, y se produce cuando, en una transacción comercial, se entregan alimentos o género de cualquier tipo en lugar de dinero, ya sean cereales, vino, aceite, leña, sal o ya en la actualidad, cheques de comida o en el uso de un automóvil. Antes de la invención de la moneda, fue uno de los métodos más usados, y ya en la Antigüedad se destinaban diversos productos para ello, entre los que destacaban los cereales por su importancia como base de la alimentación de millones de personas. En Sumeria, la primera gran civilización conocida, situada en la antigua Mesopotamia, se compilaron las primeras leyes que conocemos en una serie de códigos.
 El de Ur-Nammu, también llamado Código de Shulgi, fue redactado sobre una antigua tablilla escrita entre 2100 y 2050 a. C., durante el reinado de este monarca, fundador de la dinastía Ur. En estas leyes se recogía el uso del cereal como forma de pago para determinados servicios, como los salarios de los jornaleros del campo, los alquileres de terrenos o el arriendo de bueyes para arar o como pago de préstamos si el deudor no poseía plata. La unidad de medida era el qa (al que también se denominó sila), cuya capacidad era de aproximadamente 0,4 litros.
En el antiguo Egipto, los trabajadores recibían raciones de comida como tributo a su labor.
Los escribas eran los encargados de calcular en sus tablillas el número exacto de porciones que correspondía a cada obrero. Por ejemplo, el sueldo medio diario de un trabajador que participaba en la construcción de una pirámide podía ser de 10 panes y una medida de cerveza (2,5 jarras), que posiblemente podían ser cambiados por otros alimentos o productos que necesitara, como ropa o combustible. De hecho, la cerveza era otro producto muy apreciado como retribución para los trabajadores. En aquellos tiempos, no era una bebida tal y como la conocemos hoy, sino un líquido pastoso y muy nutritivo que, en vez de beberse, se comía, a modo de sopa fría, por lo que formaba, junto con el pan, parte de la alimentación habitual de la población.
Incluso después de la aparición de las primeras monedas en Lidia en la segunda mitad del siglo VII a.C, parte de los pagos siguieron realizándose en especie. Muchos siglos después, en la Edad Media, los señores feudales imponían a los campesinos una serie de prestaciones en trabajo y de pagos en forma mixta, ya fuera en dinero o en especie.

Distintas Formas De Pago
En Asia, donde la base de la nutrición era el arroz, algunos pagos, incluyendo los impuestos, se abonaban con este cereal hasta mucho después de la invención de la moneda, incluso hasta el siglo XIX en Ceilán y Japón. El té, por su parte, ha sido desde hace milenios una bebida fundamental en la sociedad China. Durante la dinastía Tang (618-907), un largo periodo de estabilidad económica y exploración de nuevas rutas comerciales, las hojas de té pasaban por baños de vapor, se prensaban y secaban hasta darles apariencia de ladrillos. Los había de diversos tamaños y su valor dependía, además de su peso, de la calidad del té (color, procedencia, pureza, fermentación, etcétera). Sirvieron así, hasta el siglo XX, Como forma de pago en China, Mongolia, Tíbet y otras regiones del interior de Asia.
En América se utilizaron otros productos agrícolas para pagos en especie, entre los que despunta sin duda el cacao. Esta semilla, muy apreciada por los aztecas, se explotó como bebida, alimento, medicina y, también, como unidad monetaria, ya que era aceptada por todos y su valor era homogéneo. Así, la unidad básica era la carga (24 O00 semillas), que se podía dividir en el jiquipil (8000) y el zontle (400).
También se han conservado las equivalencias para la adquisición de bienes y servicios, por lo que sabemos que un conejo costaba 10 semillas, por ejemplo. Su uso se mantuvo tras la conquista, período durante el cual se creó una equivalencia con la moneda de plata española: en 1555, l real equivalía a 40 semillas de cacao. En los Andes, la hoja de coca se estableció como medio de estipendio. Esta planta, considerada sagrada por las comunidades andinas, fue aprovechada por los incas para el abono de tributos, tanto antes como después de la llegada de los españoles. Tras la conquista, se reguló su cultivo y Felipe II dispuso en una ordenanza de 1573 que se pagase con ella a los indígenas que trabajaban en las plantaciones.
En Centroamérica, fue el maíz el principal método para el abono de parte de los impuestos en muchas provincias del Imperio azteca, y su uso pervivió hasta mucho después de la extinción de este, como por ejemplo en algunas zonas de Guatemala, donde ha sido empleado entre la población indígena hasta el siglo XX.
Los escribas registraban el pago en especie de los trabajadores
en el antiguo Egipto. En la imagen, El escriba sentado
(siglo XXIV a.C., Museo del Louvre, Paris).
Los Productos Intercambiados
El maíz, por ser un alimento básico en la dieta de los pueblos precolombinos, era uno de los productos agrícolas más habituales en los mercados. Se cree que los granos no solían molerse, sino que se cocinaban enteros, como sigue haciéndose todavía hoy en la preparación de platos como el mute. Otros cultivos importantes fueron las papas, los cubios, la yuca dulce, la batata o el frijol, entre otros, aunque variaban según la ubicación geográfica de cada Comunidad.
La coca era otro de los productos más canjeados, especialmente por su valor ritual. La cultivaban los sutagaos en el extremo sur del territorio, los taches al norte y los muiscas en el Altiplano central. Estos últimos, además de consumirla mientras realizaban sus labores agrícolas, llegaron a intensificar su cultivo mediante sistemas de riego. Normalmente, las hojas de hayo se intercambiaban por mantas y oro, aunque algunos cronistas también incluyen en los canjes sal, pescado y productos agrícolas.

La sal fue otro de los bienes más buscados en los mercados, además de por su valor ritual y alimenticio, porque su producción era exclusiva de algunas regiones. El territorio donde vivían los muiscas era rico en fuentes de agua salada, como las de Zipaquirá, Nemocón y Tausa, en la sabana de Bogotá. Mediante la evaporación de estas aguas con ollas de barro que calentaban en grandes hornos, los indígenas obtenían de ellas bloques compactados (llamados «panes de sal»), cuya calidad impresionó al mismísimo Gonzalo Jiménez de Quesada en su expedición de 1537. Los pueblos de las zonas costeras también explotaban la sal marina. El hilado y tejido del algodón eran actividades importantes en las zonas más frías del territorio. Entre las manufacturas que se elaboraban con este material despuntan las mochilas, los «santillos» O «tunjos» y, sobre todo, las mantas que eran uno de los artículos más preciados en los mercados indígenas. Además de como prenda de abrigo, los cronistas mencionan su uso ceremonial, ya que, por ejemplo, los muiscas tenían por costumbre enterrar a sus muertos cubiertos con cinco o seis mantas. Los mercados de Tunja y Sogamoso fueron centros de trueque de estos productos. Entre los recursos naturales con que contaban las etnias de las tierras bajas, como los panches Y en menor medida los muzos y los chitareros, se encontraba el oro que extraían de los aluviones de las cordilleras. Por su parte, los muiscas organizaban mercados semanales en los que vendían sal a los pueblos vecinos y compraban el metal precioso que, a través de intermediarios llegaba a todos los cacicazgos, donde se desarrolló una importante orfebrería en oro.

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