El surgimiento de la banca y de los prestamistas


EL SURGIMIENTO DE LA BANCA Y DE LOS PRESTAMISTAS

Aunque la banca primigenia se remonta a la Antigüedad, el inicio de las entidades modernas se sitúa en la Italia del siglo XIII. Si nacimiento fue auspiciado por la expansión del comercio internacional, que necesitaba tanto del préstamo como de nuevos instrumentos de crédito para su desarrollo.

A partir del siglo VIII a. C, en los principales templos griegos se podían conseguir préstamos con intereses, templo de Apolo en Delfos (Grecia).

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as grandes civilizaciones de la Antigüedad (Egipto y Mesopotamia) vieron nacer la banca primigenia. También se desarrolló en la antigua Grecia, donde a partir de los siglos VIII- VII a. C los principales templos usaban las grandes riquezas que albergan sus tesoros para realizar con intereses.

El primero testimonio de un banquero privado en Grecia se fecha en el año 520 a. C, y el primer cambista a finales del siglo IV a. C en Roma. A lo largo de los siglos, el papel de los banqueros privados fue variando: en un primer momento solo se dedicaban a cambiar moneda o a comprobar su valor; después ofrecían servicios de caja y custodia, para pasar más tarde al préstamo con intereses y a las inversiones en empresas comerciales. La decadencia del Imperio romano hizo que, a partir del siglo IV d. C. la figura del banquero desapareciera, por lo que hubo que esperar bastantes siglos para que renaciera esta profesión en la Europa occidental.

El Pecado De Usura
La falta de una tradición cercana en el tiempo de la que tomar ejemplo hizo que el surgimiento de la banca se retrasase hasta el siglo XIII. Pero además hubo otro elemento que contribuyó en buena medida a la desaparición de la actividad financiera durante la Alta Edad Media: la condena expresada por la Iglesia católica contra el préstamo de dinero con intereses (la usura). Por otro lado, durante esa época la mayoría de los prestamistas eran judíos. A pesar de ello, la práctica del préstamo fue cada vez mayor y la doctrina de la Iglesia se fue suavizando con el tiempo para adaptarse a la realidad.
Los primeros banqueros comenzaron siendo simples cambistas que se trasladaban de feria en feria con un banco para sentarse – de donde deriva su nombre – y resolvían los problemas surgidos del uso de diferentes monedas (cambios, comprobación de lay, etcétera), por los que recibían una comisión. Muchos procedían de Lombardía (Italia) o de Cahors (Francia), o eran agentes locales. Poco a poco, fueron desplazando en su oficio a los judíos, ya que se atrevieron a ir más allá de los cambios y pasaron a realizar verdaderas operaciones bancarias, como la custodia de fondos, por ejemplo. Además, pronto empezaron a ganarse la confianza de los comerciantes que, a partir del siglo XII, comenzaron a hacerles depositarios de su dinero. Con este capital de depósito, los primeros banqueos empezaron a efectuar préstamos con intereses a terceros, al principio de un modo muy sencillo, con un simple libro en el que tomaban nota de las transacciones y con deudas que se saldaban al terminar la feria. Pero, con el tiempo, y en paralelo al desarrollo del comercio internacional, fueron adoptando prácticas más complejas.

Los Prestamistas Judíos Y El Cid
uno de los episodios más estudiados del cantar de gesta español del Mío Cid (c. 1200) es el engaño que urde Ruy Díaz de Vivar para conseguir dinero de unos judíos burgaleses, a quienes les dejó en prenda una arcas repletas de arena. Para los oyentes de la época se trataba de un episodio cómico en el que el héroe burla a los odiados prestamistas judíos. Hoy sirve como testimonio de un préstamo en toda regla, con intereses, garantía, plazo de devolución e incluso con el pago de una comisión al intermediario, Martín Antolínez, amigo y cómplice del Cid, que oficia como fiador.

Florín de oro de Florencia de mediados del siglo XIII
De este modo, a partir del siglo XIII ya podemos hablar de un sistema bancario que se originó en las grandes ciudades del norte de Italia como Venecia, Plasencia, Luca o Siena, si viene muy pronto el centro de la actividad se desplazó a Florencia. Al principio se trataba de compañías de carácter familiar que se fueron ampliando hasta convertirse, en algunos casos, en auténticas asociaciones, aunque con la familia fundadora a la cabeza. Uno de los grandes avances de los banqueros florentinos fueron sus sucursales, distribuidas por las principales ciudades comerciales de Europa, como Brujas, Londres, París o Aviñón. Sin embargo, las operaciones se dirigían siempre desde la sede central en Florencia. El mayor auge de estos banqueros italianos se dio entre los siglos XIV y XV: nombres como los Frescobaldi, los Bardi, los Peruzzi, los Alberti o los Datini destacaron en el sector bancario… hasta culminar en los famosos Médici. Además de estas grandes compañías italianas, también existían otro tipo de prestamistas de carácter más local, que manejaban cantidades modestas para créditos a medio plazo y a los que se dirigían pequeños artesanos o campesinos que ponían como garantía su cosecha o sus tierras. Los intereses en este tipo de préstamo en este tipo de préstamos podían alcanzar cifras de entre el 20 y el 40%, unas condiciones abusivas que se intentaron paliar en algunas ciudades italianas a parir del siglo XV con la creación de los primeros montes de piedad o casas de empeño benéficas.

Préstamos Arriesgados
Los principales clientes de las grandes firmas bancarias eran reyes, príncipes, ciudades y hasta el papado, que antes las había condenado. Un ejemplo se dio entren 1372 y 1376, cuando los banqueros Alberti, de Florencia, prestaron más de 400.000 florines al papa Gregorio XI (p. 1370- 1378). Este tipo de operaciones eran muy arriesgadas, ya que era difícil negarse a conceder los préstamos, las cantidades solicitadas eran altísimas y las empresas a las que se destinaba el dinero – en muchos casos campañas militares como guerras o cruzadas – podían no tener el éxito esperado. Una de las que sí terminó bien fue la campaña emprendida por el príncipe francés Carlos de Anjou en 1265, en la que los banqueros florentinos invirtieron 250 000 libras tornesas (alrededor de 21 toneladas de plata). Pero que le valió la conquista del Reino de Sicilia.
En otro caso, el rey inglés Eduardo III (r. 1327- 1377) necesitó dinero para recompensar a sus aliados en una contienda contra Francia, la llamada guerra de los Cien Años (1337- 1453), y pidió préstamos a los banqueros florentinos Bardi y Peruzzi por calor de más de un millón y medio de florines, la pujante moneda de oro de Florencia. Ambas compañías fueron a la bancarrota (1343 y 1346, respectivamente) por la deuda impagada del soberano.

Moneda española de 8 escudos de oro junto con su ponderal
Los utensilios del cambista
Además del banco donde se acomodaban para realizar su trabajo y una mesa de cuentas, los primeros cambistas iban provistos de una serie de instrumentos que les ayudaban en su trabajo, como pequeñas balanzas y ponderales (piezas metálicas con peso similar al de las monedas de metal precioso) para comprobar su peso. También manejaban jetones, otro tipo de piezas metálicas que servían para realizar cuentas según los principios del ábaco.



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