Un sistema monetario bimetálico


UN SISTEMA MONETARIO BIMETÁLICO

A finales del siglo XVIII, el aumento de las acuñaciones de oro y, sobre todo, de plata, favoreció la consolidación del bimetalismo en la Nueva Granada. Este proceso fue posible gracias a una serie de medidas adoptadas por la corona española.

Monedas de plata de 1 y 2 reales y de oro de 1 y 2 escudos, acuñadas todas ellas en la ceca de Santafé en 1796.

H
asta principios del siglo XIX, el bimetalismo – la circulación de monedas de oro y plata en la igualdad de condiciones – fue el sistema monetario predominante. La Corona española adoptó una serie de medidas a partir de mediados del siglo XVII para consolidar este sistema en sus colonias americanas. La misma ley que devolvió el control de las casas de moneda a la Corona en 175 determinó una serie de cambios en el cono monetario de la Nueva Granada, con el objetivo principal de impulsar las amonedaciones de oro y plata en los territorios de ultramar. La mayor parte de las piezas de oro acuñadas a partir de entonces consistirían en escudos sencillos y dobles con ley de 22 quilates. Por su parte, las principales piezas de plata eran el real de a 8 o <<peso duro>>, con ley de 0,916, conocido popularmente como <<patacón>> (véase el recuadro inferior), y la moneda de 1 real. También se acuñaron otras monedas del mismo metal, como los medios reales y cuartillos, aunque escasamente, por el déficit de plata que había en el territorio neogranadino. Por este motivo, la macuquina y, en menor medida y de manera coyuntural, la moneda de vellón rico ganaron espacio en las transacciones cotidianas de la población.

Hasta aquel momento, la Nueva Granada se había nutrido principalmente de metales propios – sobre todo, de sus yacimientos de oro – para acuñar sus monedas. Pero en este período necesitó recurrir a los de otros territorios para mantener el bimetalismo impuesto desde España. Así, fue necesario establecer una conexión con los productores de plata del Alto Perú y de la Nueva España. Con los de este último virreinato intercambiaban, además del metal, cacao, fruto del que la Nueva Granada fue uno de los principales suministradores de la zona hasta bien entrado el siglo XIX. Las rutas comerciales en el continente se transformaron, pues hasta aquel momento habían prevalecido los trayectos de corto recorrido que, pronto, se vieron eclipsados por otros de mucho mayor trazado y variedad de mercancías: se crearon verdaderos circuitos de moneda, metales preciosos o productos silvestres, entre otros bienes. Cabe poner de manifiesto dos hechos relativos al sistema bimetálico. En primer lugar, la escasez de la plata en la Nueva Granada dificulto la promoción de varias denominaciones de este metal, así como impulsó el encarecimiento de la producción, ya que despendía casi exclusivamente de la pata del Alto Perú y de la Nueva España (a pesar de la existencia de algunas minas argénteas en poblaciones relativamente cercanas a la Casa de Moneda de Santafé de Bogotá, aunque de escasa producción). En segundo lugar, la ley de las monedas se modificó en 1771 durante el reinado de Carlos III (r. 1759- 1788), quien, de forma secreta, redujo la finura de las acuñaciones de oro y plata, o sea, que con la misma cantidad de metal precioso se fabricaban más piezas. Esta medida se repitió años después con nuevos cambios en las acuñaciones, que, de nuevo, se adoptaron sin informar a la población. En realidad, los expertos apuntan a que el bimetalismo se convirtió en una de las formas de mantenimiento del régimen ante las debilidades económicas que estaba padeciendo el Imperio español durante este periodo. Mientras tanto, las crecientes diferencias políticas entre la colonia y la metrópoli acentuaron los actos en contra de los cargamentos de minerales y metales preciosos que surcaba los diferentes circuitos comerciales, tales como pequeños asaltos en los caminos o grandes asaltos en altamar. Así, el abastecimiento de minerales y metales sufrió ligeros altibajos que fueron socavando el flujo necesario para una eficiente producción monetaria. De todas formas, el bimetalismo no se abandonó tras la independencia, sino que serían hechos más relacionados con el abastecimiento de los metales y con la estabilidad monetaria los que llevarían a la adopción del patrón oro en la década de 1870.
Patacón de plata acuñado en 1770.
  

El patacón
Con este nombre era conocido en el Nuevo Reino de Granda la moneda de plata de 8 reales, que se había acuñado desde tiempo atrás en otras casas de moneda americana. También llamadas <<pesos de plata>>, los patacones eran muy vistosos por su tamaño y también por lo que se quería mostrar en su reverso: la conexión entre los dos mundos bajo la leyenda de <<Plus Ultra>> (escrito sobre las columnas de Hércules), pero sin olvidar en el anverso que la Nueva Granada (Nuevo Mundo) era posesión de la corona y para esto era necesario plasmar como único elemento el escudo español.

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